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Desfabar. Por Mont Sn.

  • cometadeideaspodca
  • 11 oct 2021
  • 2 Min. de lectura


Anochecía, tenía el brazo recargado sobre el diván sujetando su cabeza luchando contra sí misma para no quedarse dormida. Había tenido una noche difícil y se le notaba en las bolsas que colgaban de sus ojos hinchados e irritados, la jornada tampoco había sido fácil, ¿cómo lo sería durmiendo poco más de tres horas? Le permití quitarse las zapatillas dejando al descubierto sus pies lastimados, cansados de haber andado de un lado a otro. Llevaba ya corrido el maquillaje por causa de las lágrimas. Tristemente, yo fui la culpable, pero esta vez, era necesario.

—¿Hemos acabado? —preguntó monótonamente

—Aún no—le respondí.

Continuaba haciendo anotaciones en la libreta, pensando en cuál sería mi siguiente pregunta. Su vida era complicada y la adversidad ya le había arrebatado mucho, no quería absorberle más energía. Pausé el bolígrafo y la miré. Traía el pelo enmarañado y las mejillas rosadas, era de complexión delgada, pero había perdido peso en las últimas semanas.

—¿Qué te duele? —pregunté.

—Todo.

—¿Qué te duele más?

—Él.

Le costaba trabajo hablar y llevaba días comiendo mal, me lo había dicho hoy al inicio de la sesión y le ofrecí un par de manzanas que le duraron las dos horas. El reloj marcó las 8:00 y se encargó de hacérnoslo saber, pero no podía dejarla marchar. Si lo hacía, no regresaría. Ni a terapia, ni al trabajo, ni a nada.

—Debes irte— le dije. Se enderezó para colocarse los zapatos y reparé en el hecho en que no me había entendido—. Debes irte de ahí.

Me miró fijamente y comenzó a temblar. El miedo se le notaba en la voz, en los labios, en sus movimientos.

—Me va a encontrar.

—No lo hará.

—¿Y a dónde iré?

—Aquí.

Había escuchado lo suficiente para saber que el daño no era sólo físico, la había destrozado en profundidad y no podía ser cómplice de su locura. En la escuela, nos enseñaron a encontrar los pedazos rotos de los pacientes para volverlos uno y devolverlos a la realidad, pero no es tan fácil para todos. Hay cientos de personas que simplemente no pueden regresar porque sus esquirlas se volverían polvo que se pierden en cuanto llega la primera ventisca. No era el primer caso que veía, pero sí el primero al que podía darle un destino diferente. Si estuviera en su lugar, también habría buscado ayuda, porque hay pedazos que se regeneran con palabras, pero hay pedazos que sólo necesitan sororidad.


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