Cassé. Por Ditza Flores Castillo.
- cometadeideaspodca
- 11 oct 2021
- 2 Min. de lectura

Lo curioso de la vida es que un día eres, pero el otro ya no.
Un día rebosas de juventud, no hay grandes preocupaciones ni fantasmas de quienes huir. Pero al día siguiente las cargas son muchas, los miedos te paralizan y has comenzado a olvidar lo que antes parecía importante.
De repente es primavera. La sensibilidad de las flores, bailando con el viento, te llenan de vida; los altos pastizales recordándote la delicadeza de los momentos, y tú caminando lentamente porque no hay prisa, porque puedes respirar profundo, con devoción, sin remordimientos.
Pero el tiempo no se detiene por nadie, y cuando te das cuenta ya llegó el invierno. Los cielos se tornan grises, las puertas se cierran; y los caminos se llenan de nieve, pero se secan de personas. Si te esfuerzas lo suficiente, no tienes frío; y si lo quieres puedes quedarte cerca del fuego y disfrutar una taza de chocolate caliente, y reposar hasta la próxima primavera, si es que llegas a verla.
A veces no valoramos el sol, y la vida da mil vueltas para que no olvidemos que sin él nos congelariamos. Por eso es mejor vivir el hoy, y comprender que la actitud lo gobierna todo.
Un día la salud es plena y próspera, pero al día siguiente, sin aviso, sin presentar una admisión ordenada y civilizada, te deja en cama, por días, por meses, o por el resto que te quede de vida.
Y por eso mejor apreciar la lluvia, el silencio y hasta la ausencia, porque extrañar es un privilegio. El privilegio de anhelar lo que alguna vez fue y permanecerá en el alma, en la esencia misma de lo que somos hoy, aunque se borre de la memoria por la fuerza de la marea y las olas.
¿Y si nos reencontramos? Nos vemos en ese lugar diferente, en aquel donde podemos ver el naranja atardecer, donde el dolor ya no tenga significado y el estar roto no sea una etiqueta, y el cantar sea la razón para despertar, un lugar donde seamos felices, donde permanezcamos para siempre jóvenes.




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